El dique que planearon construir en esa reunión no tuvo que ver con el que servirá para generar energía y evitar inundaciones. Cuando José Cano, Domingo Amaya y Germán Alfaro se sentaron a charlar en el histórico predio del ex mercado de Abasto hablaron de erigir una muralla política en torno del enclenque Acuerdo para el Bicentenario.

La excusa del encuentro entre los tres líderes de la coalición electoral opositora fue la presentación del proyecto maestro para la construcción del dique Potrero del Clavillo. Hacía tiempo que Cano, Amaya y Alfaro no charlaban juntos. De hecho, su andar parecía cada vez más diferente e individual, cada uno con lo suyo y con estrategias distintas. Uno más cerca de Mauricio Macri, otro esquivando sacarse fotos con el Presidente para no disgustar al peronismo y el tercero mirando de frente a sus nuevos socios porteños y de espalda a sus aliados tucumanos. Pasados los meses de medir fuerzas, Cano y Alfaro retomaron los encuentros conjuntos, que incluyeron reuniones y platos de locro compartidos con militantes. ¿Y Amaya? La pregunta se repetía en el entorno de los tres líderes de aquel ApB de 2015. El secretario de Vivienda de la Nación parecía un lobo solitario, de esos que protagonizan ataques imprevistos y mortales. El ex intendente sacó pecho y comenzó a disparar contra Susana Trimarco y contra la ex administración provincial por su gestión en vivienda. Paralelamente, evitaba la foto con su sucesor y con su compañero de fórmula. Amaya, creen algunos de sus otrora aliados, apostaba a elevar su rojiza cabellera para que se distinguiera desde todos lados y fuera puesta en el primer lugar de la lista de contendientes tucumanos para las legislativas nacionales del año próximo.

Pero la gloriosa Ciudadela de la Batalla de Tucumán parece haber inspirado al trío fuerte del ApB. ¿O habrán sido las necesidades políticas? De una u otra forma, Cano, Amaya y Alfaro acordaron relanzar y fortalecer el espacio político que supieron forjar con la intención -sin éxito- de derrotar al alperovichismo. Según trascendió, en la charla hubo algunos reproches mutuos, pero se priorizó la preocupación por mostrarse nuevamente unidos y por ser el dique de contención del variopinto espacio. El tridente ofensivo opositor acordó algunas estrategias. La primera es apostar fuerte al discurso de la reforma política. Esa será su bandera: la de exigir el fin del sistema electoral del caos y de las dudas sobre el resultado de los comicios. Así, se subirán al reclamo de Mauricio Macri y buscarán condicionar a Juan Manzur y sus muchachos, ávidos de congraciarse y no cuestionar al Presidente. Otro objetivo es aglutinar a los dirigentes con cargos electivos bajo un mismo discurso. “No puede ser que haya legisladores que llegaron con el ApB y que en la Cámara no actúen en bloque”, deslizó uno de los presentes. La intención será que amayistas, alfaristas y radicales al menos intenten votar en igual sentido los proyectos de ley sensibles.

El trío también bajará un mensaje claro a los aliados: los que integraron el Acuerdo deben definir si continuarán o no con ellos. Se refieren a algunos peronistas díscolos y a partidos diversos que supieron formar parte de la alianza y que hoy están “distantes” o tentandos por el oficialismo vernáculo. El dardo pareciera tener como destinatario al líder de Libres del Sur, el diputado Federico Masso, que no tan sólo cachetea a Macri, sino también a los tucumanos con los que supo compartir camiseta electoral. Llamó la atención que, días atrás, la protesta de Barrios de Pie se haya concentrado en la Yerba Buena de Cambiemos y no frente a la Casa de Gobierno.

Cano, Amaya y Alfaro quieren saber con qué bueyes aran y prepararse para 2017. Incluso, hasta miran de reojo a sus aliados del PRO. ¿Y si el Presidente decide que quienes encabecen las listas en todo el país sean macristas “puros”? Los organismos nacionales con sedes en las provincias están hoy encabezados por jóvenes “amarillos”. ¿Emulará Macri a Cristina Fernández e impondrá sus nombres en las listas, aún a costa de resignar votos ante figuras poco conocidas? A los ya veteranos dirigentes peronistas y radicales la idea les molesta como resfrío mal curado. Y como se avecina el invierno, ninguno quiere que el frío los pille desabrigados y sin un poncho político que les dé calor. Por eso, al celeste y blanco peronista, la coalición tucumana quiere sumarle mucho rojo y una pizca de amarillo.